Casi como unas pequeñas vacaciones, apenas cuatro días que a cualquiera le saben como miel, algunos de mis amigos viajaron, otros permanecieron y la mayoría de mis compañeros de trabajo decidió quedarse en Lima, incluso yo, descubriendo sin querer queriendo que también se puede disfrutar de paz en esta ciudad.
Ahora, apenas con unos minutos antes de irme a dormir, siento la enorme necesidad de continuar eternamente con estos días, pero la realidad me obliga a poner el despertador a las 6:00am, alistar la ropa que usaré mañana, lustrar zapatos y zambullirme en esa máquina del tiempo (mi cama) que sólo sirve para avanzar bien abrigado con un par de pestañadas , lo pasado se queda entre dos neuronas, una que otra en este blog.
Una de las ciudades que más me agradaron hasta el momento ha sido Tarapoto. Con un clima tropical y rodeada de un manto verde, esta ciudad, ubicada en la región San Martín, es muy conocida por sus atractivos turísticos y en especial por Puerto Palmeras. Los tours son relativamente baratos y todos los destinos están cerca de la ciudad, entre ellos las cataratas de Ahuashiyacu y Huacapomaillo, el pueblo de Lamas y la laguna azul, todos lugares muy apacibles que logran desconectar a uno de la rutina diaria y hacerles pasar un buen rato.
No hay nada que hacer, alguien nos encargó en este mundo futbolístico la desdicha de ser el equipo motivador de todos los demás, y vaya que lo hacemos muy bien....
No tengo ganas de prender el televisor, salvo para ver el especial del humor o las mentadas de madre de chemo.
Nuevamente me llaman a las 5:00am, todavia con el cansancio encima me subo al taxi, "esta vez iremos nosotros nomás", me dice Beto (el organizador del tour) y enseguida enrumbamos a la localidad de Pedro Ruiz, una vez allí desayunamos unos panecillos y me cuentan algunas interesantes historias de los alrededores. Terminamos de comer y partimos al pueblito de Cuispes, una apacible localidad en lo alto de una serie de montañas.
Nos recibe el regidor, nos contó de los planes que tienen en la comunidad para la puesta en valor del camino hacia Yumbilla, ya que aún no está trabajado. Allí entendí entonces el propósito del machete que colgaba sobre los hombros del guía local, un amable campesino que nos tuvo entretenidos durante el trayecto, pero que me ponía nervioso cuando sacaba ese filudo cuchillo. El camino, como mencioné, no está a punto, Yumbilla es relativamente nuevo y esto ha tomado por sorpresa incluso a los mismos pobladores. El guía usó en reiteradas veces su machete a fin de abrirse paso entre la maleza y demás hierbas que se interponían en el camino casi de selva.
Desde una saliente a mitad del trayecto se puede apreciar la catarata en todo su esplendor y se puede notar que es incluso más alta que Gocta, pero con mucho menos caudal. Se me ocurrió que en esa saliente se podía crear un descanso para los visitantes, de paso que comen algo se distraen con la vista, que como en todos lados, llena los ojos.
Cuando llegamos a la catarata notamos la fuerza de la caída de agua, eso no nos importó y nos metimos por debajo de ella, contemplando el horizonte aparte de quedar literalmente hechos una sopa. Contentos y cansados por el esfuerzo, regresamos al pueblo, Beto me invitó un suculento almuerzo en un albergue del lugar y los lugareños nos animaron para volver en otra oportunidad. Estoy seguro que volveré, hay más partes para visitar. Ya en el auto, de regreso, la naturaleza nos agradece la visita y nos regala una imagen para guardarla como postal en un rincón de nuestros más preciados recuerdos. Era mi último día en Chachapoyas, no podía estar más satisfecho de lo vivido en estos 3 días... y agotado también jejeje.
La camioneta me recogió puntual, (5am aún de noche), poco a poco se fue llenando con los demás visitantes, gente de un banco local que entre risas y chacota entra a la camioneta. Mientras me hago el indiferente me entero quién está soltera/casada/separada y me gano con toda clase de chistes en medio de la alegría propia de chiclayanos sólo que en medio de la sierra.
La camioneta inició el recorrido.
Llegamos a un pueblo, (Cocahuayco creo), donde iniciamos una caminata de 1 hora y media en una ruta de moderada exigencia, el paisaje es muy agradable pues el verdor está en todo su esplendor y por momentos podíamos apreciar la catarata de Gocta a lo lejos junto a una serie de pequeñas cascadas.
Cuando llegamos a Gocta nos dimos con la sorpresa que la caída es realmente enorme, mientras el agua cae genera unas ráfagas de viento que pueden tumbarte al piso si te agarran desprevenido, algunos se acercaban al máximo para tomarse foto. Luego de descansar nos regresamos al pueblo, completamente mojados por acercarnos demasiado a la catarata, por ese motivo la tos no me dejó hasta 2 semanas después.
Un puntito azul y otro amarillo en la parte inferior de la imagen, son dos personas cerca a la caída de agua.
"Beto te ha dejado algo", me dice el recepcionista del hospedaje mientras me entrega una bolsita con chocolate, galletas y agua mineral, (agradecido pero mi estómago tenía otra expectativa culinaria a esa hora). También saca de sus cajones un par de botas de jebe que Beto le dejó, ha llovido en los últimos días y quizá el camino por allí esté algo fangoso, "5:00am te pasa a buscar" es lo último que escucho mientras cierro la puerta.
La noche estaba algo fría, el clima de sierra no se anda con contemplaciones para los forasteros, igual me tomé una cerveza helada y ví cómo se llenaban las discotecas de Chachapoyas, nada del otro mundo, pues se nota bastante pacífico el lugar. En una hora terminé mi botella para luego regresar al hospedaje, el chocolate que me estoy comiendo me quita el sabor amargo del licor y hace llegar más rápido el sueño, justo ahora cuando tengo pocas cosas en la cabeza o cuando no las quiero tener.